AMNESIA DE OLVIDO

140 palabras

Recuerdo tu perfume,

las rosas rojas,

el vapor en las ventanas.

 

Te recuerdo en otros ojos que no me miran igual

En otros labios que no hablan como tú,

En otros brazos que no me abrazan.

 

Eres ese párrafo que no consigo terminar de escribir,

La frase recurrente que aparece en mi mente, de pronto y sin avisar.

El libro que paré de escribir cuando apareciste tú.

 

No te haces a la idea de lo que te busco en mi memoria

No encuentro nuestro reencuentro en el calendario.

No hay taxis que lleven a tu portal, ni trenes que paren en tu boca (de metro)

 

Nuestro tiempo se acabó en un reloj de diferentes velocidades.

Ahora te regalo canciones cuando en realidad sólo quiero poder escucharlas contigo.

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero tú no eres una herida.

PAUSA EN EL AIRE

141 palabras

La pausa. El sonido del tabaco crepitar con cada calada.

El reflejo del deseo en unas gafas de sol.

Un pendiente que se excita con el recuerdo del roce de tu saliva por mi yugular.

Unas piernas que tintinean a centímetros del calor de tu cuerpo.

Un silencio que canta a la desesperación de perder el control viajando a la deriva entre el límite de los arañazos en tu espalda y las heridas del corazón.

Niebla que tiñe de blanco la costa convirtiendo la tierra en abismo.

Niebla que abre ante nosotros un paréntesis temporal sin coordenadas.

Surrealismo onírico de dos golondrinas sobrevolando el mar en una corriente térmica.

Un beso sin flores.

Una pluma de recuerdo antes de abrir de nuevo las alas para seguir la eterna migración hasta que el depósito entre en reserva y de nuevo:

la pausa.

DON’T LOOK FOR LOVE, LOOK FOR BOOKS.

84 palabras

Los libros te enseñan lo fácil que es pasar de página porque la historia sigue.

Los libros te enseñan que cuando la historia es buena, no quieres que llegue el final, pero que cuando no lo es, estás deseando acabar o dejarlo a medias.

Los libros te enseñan que después del final hay un infinito en la librería de los recuerdos.

Los libros te enseñan que los finales no lo son siempre si eres el autor de la historia y decides escribir una secuela.

 

 

CAPÍTULO IV – LAS PALABRAS

286 palabras.

El silencio fue el cofre donde guardé el tesoro de sus palabras.

Las palabras son como la música de las personas. Hay un día que descubres una canción y hay otro en el que descubres que es tu canción favorita.

Espera, ¿cuál es tu canción favorita?

Es una pregunta complicada.

Es elegir una y desechar a todas las demás.

Da miedo comprometerte con una sola canción cuando ya ha habido otras antes que te han tocado el corazón.

También es complejo cómo actuamos con nuestra canción favorita.

Hay épocas dónde la abandonas, algo en ti se ha cansado de ella. Sabes que esta ahí, que existe, que estará cuando quieras volver a escucharla pero también necesitas escuchar otras melodías para volver y quererla de nuevo tanto como para dejarla en repeat.

Pronto supe que ella era mi canción favorita, tanto que a veces me dolía. Era una balada rock: garbo, pasión, rabia, corazón, dulzura y esperanza.  Me movía todo por dentro. Hacía tiempo que no escuchaba un temazo así.

Me follé a mujeres que sonaban a pop, a reggeaton, a one hit wonder, alguna indie que como con las canciones indie se parecía a muchas otras, alguna letra de cantautor pasajera y algún tema que te suena pero que no recuerdas su nombre.

Pero ella era una canción con la que acostarte y despertarte al día siguiente, con la que ducharte, cerrar los ojos o mirar la vida pasar a través de la ventana.

Aún así un día la dejé en un rincón de mi iPod para escucharla el día que necesitase cantar con ella.

Sabía que no era una canción, que probablemente nunca volvería.

Me consolaba que al menos su mero recuerdo me hiciese tararear.

RELATIVIDAD CIRCUSTANCIAL

244 palabras

 

Para mi la distancia ya no es algo que se mide en metros,

Para mi la distancia se mide en tiempo.

En el tiempo que pierdo sin estar contigo

En la diferencia horaria de las palabras.

En los minutos que te pienso, pero no te hago.

Cuando te decía que te echaba de menos, no era verdad.

En realidad nos echaba de menos.

A ti estando conmigo,

A mi siendo contigo,

A nuestra fábrica de momentos.

Para mi el amor ya no se trata sólo de compartir,

Para mi el amor ahora también es dejar.

Dejar que las heridas cierren a su tiempo,

Dejar a los pies caminar en dirección opuesta,

Dejar los chalecos antibalas y arriesgar.

Cuando te decía te quiero, no me refería a ti.

Me refería a lo QUE te quiero.

Te quiero acompañar en tu camino

Te quiero cuidar y nunca hacerte daño.

Te quiero regalar las llaves de lo mejor de mi.

Para mi estar cerca ya no es un tema espacial,

Para mi estar cerca es algo multi sensorial.

Leernos las miradas,

Oírnos las vibraciones,

Sentirnos los pensamientos,

Ahora te digo te echo de menos y ojalá no fuera verdad.

Ojalá pudiera poner matices pero…

Tengo miedo de no poder reconocerte

De que la conjunción de “tu y yo” se vuelva un punto,

De que los muros se construyan y no estemos en el mismo bando.

De no poder seguir aprendiendo contigo todo lo que me has enseñado.

ERROR DE CÁLCULO EN EL LENGUAJE

252 palabras

 

Siempre suspendí matemáticas

Nunca entendí que el orden de los factores no alterase el producto.

Supongo que por ser de letras.

De esas letras que forman palabras que bailan hasta ordenarse para decirnos cosas.

No todas las letras evocan lo mismo.

La “ch” es farragosa: charco, chasco, chorro, chusta, cacharro..

Lo dicho, farragosas, pero las palabras que acaban en osa son como juguetonas ¿no creéis?

Y las s siempre me han parecido sensuales, quizá herencia de aquella serpiente

que seseaba en el paraíso.

Pero las palabras en su estricto significante son realidades físicas y ya está.

Aún así me fascina como se eligen.

No es lo mismo “no te vayas” que “quédate” .

Ni como el orden del apelativo crea un maravilloso énfasis.

No es lo mismo oír: paula, recoge la mesa; que: recoge la mesa, paula.

Tampoco es igual decidir usarlo u omitirlo.

En una habitación dos personas conversan peloteando como en tenis.

No hace falta apelar al otro, pero alguno decide usar el apelativo,

quizá por apelar a la atención y te dice:

Paula, te quiero mucho.

Ese paula es como: Tú, escucha lo siguiente, será importante.

Pero volviendo a las matemáticas y al orden de los factores:

Te quiero mucho, Paula. Ahí Paula quiere decirte: ¿Has escuchado?

Lo importante no es lo que digo, si no que te lo digo a ti.

Suspendí matemáticas sistemáticamente, pero ni Pitágoras me negaría que el orden,

el tiempo, el corazón, la circunstancia y la vida de los factores siempre altera el producto.

ABRIL

146 palabras

Era abril, o al menos era abril en mi cabeza.

Siempre me gustó abril por eso de la primavera y porque siendo el 4º mes del año empiece por la 1ª letra del abecedario.

De eso va un poco la vida, de los que son primeros y de los que son cuartos.

De los que te dan un entero o de los que te dan sólo un cuarto.

Por creer en la magia creí que en abril lo que parecían cuartos podían ser enteros, pero no.

Los cuartos eran cuartos y mis enteros a veces no valían nada. Puede que nada no, pero sólo un cuarto.

Un cuarto vacío y un corazón sin ventanas que se ahoga en el humo tóxico que inunda ésta habitación.

Me di cuenta de que no había ventanas, pero si una puerta.

La abrí y ya no era abril, era mayo.

MADRID ES UNA FIESTA

783 palabras

Madrid, ese pedazo de la España en que nací.

Te han dedicado tantas canciones que hasta han hecho un mapa de todas ellas.

Eres tan complicada que es difícil explicar lo guapa que eres sin ser una ciudad monumental.

Eres guapa en los rincones, hay que vivirte, el Prado está muy bien, el Palacio Real, el Retiro… pero Madrid es mucho más.

Madrid te acoge siempre con los brazos abiertos, te invita a enamorarte por las mañanas en el metro, a tomarte unas cañas en el bar más cutre de la ciudad cualquier día de la semana, a la nostalgia de su movida madrileña, a pasear y encontrarte frases en los pasos de cebra, a sorprenderte cambiando de camino para llegar a tu rincón favorito… Madrid te invita a perderte y a dejarte llevar por ella.

El día que oí a un amigo de fuera decir “no me gusta Madrid” no pude quedarme de brazos cruzados y organicé lo que llamaría “Madrid en un día”. Yendo desde lo más panorámico a sus rincones.

Era el mes de mayo, amaneció soleado, como casi siempre en estos veranos adelantados, y desde la plaza de Sol, como siempre llena de compradores de oro y disfraces desde Pocoyó a Alien, caminamos dejando atrás el mítico cartel de Tío Pepe que ni si quiera Steve Jobs nos pudo quitar.

Paseando por el barrio de Huertas, que de día es otra cosa que de noche, llegamos a la plaza de Santa Ana que siempre parece un oasis de paz en esta caótica ciudad. En ese pequeño paraíso flanqueado por uno de los hoteles más bonitos de Madrid y por su teatro nos tomamos una Brabante, cerveza de trigo madrileña con menos fama y con más sabor que la mítica Mahou.

Decidimos acompañarla de unos calamares que a pesar de que no se pesquen en el Manzanares no dejan de ser muy nuestros.

Después de este pequeño paseo como tentempié, entramos en el maravilloso edificio del Círculo de Bellas Artes. Un edificio que te recuerda a tiempos de lujo y clase, a grandes bailes y a las miles de tertulias que tuvieron lugar en su Pecera. Subimos hasta la séptima planta para ver a la diosa Atenea que preside las vistas más bonitas de todo Madrid. Embobándonos viendo la cúpula del monasterio de las descalzas, el barroco antiguo edificio de Correos que ahora es el Ayuntamiento de Madrid, el edificio de la Mutua que parece sacado de Nueva York, las torres Kio que se han quedado pequeñas al lado de los nuevos rascacielos de Chamartín y ese jardín verde que es el Retiro al que se entra por la Puerta de Alcalá. Pero sin duda, el ángulo que estaría mirando todo el día es ese donde casi puedes tocar el edificio Metrópoli, donde ves el esqueleto de la parte más bonita de la ciudad, la Gran vía, con el imponente edificio Telefónica que pasa desapercibido por los transeúntes que sólo ven de él sus zapatos.

Tras estas vistas urbanas decidí contrastar la perspectiva con una vista más de las afueras. Pasando de ver el movimiento de la ciudad a cuando ya entra en calma. Ese templo de la calma en Madrid se llama Debod. Montado piedra a piedra como regalo de Egipto a España se alza sobre una ladera para poder vez como la ciudad va bajando hasta las montañas donde todo es más tranquilo. Acompañamos esta visita con un atardecer y las piedras empezaron a teñirse de naranja, los cielos se tornaron rosas como el agua que los reflejaban y los árboles empezaron a recobrar su poder despidiendo al sol hasta el día siguiente.

Con esta despedida al sol en Madrid y con ya un chaqueta de cuero encima quedaba la otra cara de la ciudad. La cara que sólo conoce la luna. Es increíble lo que puede cambiar esta ciudad según su iluminación. Malasaña pasa de ser una calle de paso a ser un contenedor lleno de gatos rebuscando en los restos de la movida madrileña. A los madrileños nos gusta este apodo de gatos, será porque no nos gustan las correas y por eso preferimos ir de bar en bar. Demasiado compromiso pasar la noche entera en el mismo lugar. Por eso la plaza del dos de mayo, el corazón de Malasaña, es un verbena de noche donde puedes pasar de estar en la Vía Láctea y flotar en el espacio exterior a meterte en el Tupperware como los géneros de la música más olvidados.

Hemingway decía “Paris era una fiesta”, quizá después de disfrutar del encanto y de la vida que tiene ahora Madrid cambiaba el título del libro, o al menos eso me gusta pensar.